limones sin sal
motivos de disputas
puestos de golpe contra la mesa
de un bar cualquiera.
Esperando una respuesta en el viento,
salí furtivo a la noche,
miré mi roja huella en la tierra prendida
para a galope entenderla toda honradez
-por estar de esa manera pisada-.
Caminaba en un lugar llamado vereda del bosque del lago susurrante,
y ahora me está dando otro aire
y veo más claras otras cosas.
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