ahí os dejo un trozo de mi, por todas las veces que he escondido mis entrañas

Tang I

           llaman tus llamas displicentes
otros calores,
y de solo oirlo te pones loca
buscando una salida,
una excusa,
a este recuerdo que te viene
acompasado a Ben Harper,
 a los días que con él fueron,
otros colores
sales cantando.

Tenga

     Hoy soy libre
hoy disparo luces chicas
que desde un huevo 
al frontal pasando por la espalda
ladran al tiempo la pesa que cayó


                                                Creo que había muchas puertas en mi vida
                                  que debían ser abiertas luego de cruzadas.

Tanga II

Michigan central station
Cómo vas de amor
cómo vas de risa,
de sonrisas
de placeres y pizzas.
Cómo vas de luz
si retratos de paz
llenan la Plazanueva
un día.

Tango V

Domingo rojo de mercado, 
risas, bicis y rollitos con ketchup.

Lunes vino aún amor desorientado,
luces en el jardín o películas.

Martes mató el sexo apresurado,
miércoles de lluvia y pipas sin sal.
Jueves verde tinto y mojito,
fiesta de luz en la otra fachada.

Viernes presuroso de tí te perdí,
en una macrotienda usada.
Sábado más promesas de ir andando,
rutinas con Mariana.

Tango IV

He visto sirenas en tus ojos
que cantaban por mi la primavera,
tenues movimientos de tus bracillos,
que hacían de mi guerrero desarmado
loco certero.
De placer hinchado he despertado,
sabedor de todo sin misterio
entonces he callado
porque no será más este invierno.

Tongo

Lleva abiertas las rosas negras en el pelo,
suelto de disgustos
mientras lo toca,
pierde un bucle
que otro de sus dedos rescata
y me habla como si conmigo no fueran tal pirueta,
esta velada
o su rumbo.
Miénteme más así parada.

Tango III

Mi niña danza Zwan sobre mi sueño
pasándo ingrávita colcha arriba,
hacia la efímera luz.
Succión aérea,
colada púrpura entre mis dedos alzada.
Mi niña gime versos hipnóticos,
notas que ciegan
y otros dulces cuerpos asidos.

Tanga

Cuentas de atrás hacia mí,
amores que no te duraron. 
Cuento a partir de tí,
mi vida. 
Sobre las piedras fuera
la lluviosa noche oculta las calles,
amontona las cosas, 
pudre la belleza,
esta belleza de sí amplificada.
De puntillas me voy a currar.

Tu sonrisa y esa cabeza dorada

Cómo lo ves que tanto entiendes
de todos estos que aquí estamos,
sonrisa al sur
tierra en la mirada.
Dime si en verdad sabes
de todo lo que por mí pasa
de todo lo grande que eres,
pantera agazapada.

Tango II

Rosana es un jardín
tumbada en la colina, 
que juega con la nariz
como si fuese esquina.
Pierde sus dedos en mi
cantando sin gomina,
y abre su boca hasta el fin,
mientras la luz aglutina.

Tengo

           Busco con insistencia
suertes que no llegan,
faltas de mi espíritu,
por aquello de la rueda.
           Un golpe seco que regresa,
esta luz que ya no agrada.
"Cuando la realidad se muestra,
¿dónde la ilusión se ha posado?"
-gritan con sorna las farolas-.
           El alcohol entra al fondo
rebajando de ti mis recuerdos
a pasos descarriados,
mientras busco.

Tango

El aire de aquí a la altura del culo,
los coches que aparcan y las calles miran,
rasuradas,
el espectáculo de cada día que va.
Luz, plana azul, hule del frío,
casas con ocres rincones,
viejos al sol de Madrí.

Batidora al son magreb,
voces que pasan como flashes asidos,
dos manos escurridizas y tú,
sueño del escogido.
Fuera de ti contemplas que es,
que será en el siguiente instante.
Ahora buscas mis ojos
como si el tal tiempo
fuese a esquivarnos algún día.

Del bajo Albaizín al mundo


Se ha hecho grande y libre cantando como un pajarillo al sol el tema que ponían en la radio, corriendo cuesta abajo evitando las piedras, levitando las piernas en cada salto de su espítitu, a cada golpe de su mente acalorada.
Contra la pared del Cebollas se ha parado para recobrar, extasiada, la canción de antes.
        ¿Que te pasa Carmelilla que vienes tan contenta?, le dice desde el banco un viejo conocido.
        Hola Andrés, ¿Se echa una carrerilla conmigo hasta la Caleta?
        Dando cojilás todavía te gano niña, dice el viejo entre toses y risas. Ven pacá y descansa que estoy esperando aquel nublo pa echar a andar la cuesta.
Mirando hacia el cielo calizo que nos dejó la primavera, derecha como una vela, Carmen recobra la compostura y se sienta sonriente al lado del viejo, a quien besa en la mejilla temblorosa, como a pariente. Mira al cielo y calcula nuevamente cuanto tiempo tiene en la parada.
        El 31 lo coge allí justo y te deja en la plaza Larga, o es que ya se ha gastao el billete en el bar, Andrés, que pa eso no le falta, concluye enseñando todos los dientes que puede.
        ¿Donde ibas como las locas, resabionda?
        A Graná a ver a la Sensi que ha  parío un niño mu hermoso, enfocando su sonrisa a los pies del viejo.
        Pues cantando y saltando cuestaabajo vas a llegar al hospital más mellá que una pava.
        No diga usted eso que estoy mu contenta Andrés, tres días llevaba mi cuñá de parto y por fin anoche los médicos le sacaron el cacho crio, que dice mi primo que parece un güarrillo con mucho pelo.
        ¿Yo te he contao lo que llorabas cuando nació tu hermano Antonio?
Tras el humo de un microbús, de los que suben a San Miguel bajo, pasa una moto y dos chicos con rastas aligerando el paso, se ajustan las mochilas...
        No me lo ha contao.
        Mentirosa estas hecha, pues te lo voy a recordar pa que disfrutes. Tenías tú seis añillos, dos trenzas rubias que te estiraban los ojos cuando te escapabas de tu madre (mira ya corrías como ahora), y siempre llevabas un bolso de tela como relicario. Te ponías a hablar con cualquiera en la calle diciendo, “hola me llamo Carmela”, para después preguntarlo todo sin discreción alguna.
Pues fue nacer tu hermano chico y la niña se hizo formalica de golpe. Ni jugar querías ya con las vecinas. Ni siquiera inventar canciones.
        Menos mal que me eché a formalica tito, si no no se que hubiera sio de mi.
        Que razón tienes mi niña, aunque el viejo de la barriga no lo has perdío. Tu hermano se estropeó con tanto alago, y tan poca letanía, cuantas más fechorías inventaba, más escusas encontraba tu padre para esconderlo.
        Ay Andrés, ¿y a que vienen ahora estas cosas tristes? ¿No querrá usted enturbiarme el día recordándome desgracias?
        No mujer, cogiéndola del brazo en una pausa, no le he agradecío yo veces a la Aurora que se te torcieran los antojos.
Ella lo mira sin querer mostrar su asombro. Lo acaricia en la espalda sin saber .
        Anda vete que me tengo que ir al gimnasio.
        Si me dejara lo acompaño y me lo explica mejor, porque no he pillao naica.
        No te preocupes, con el vinillo se me ha soltao la pierna y verás como me pongo allí antes que tú llegues al Triunfo. Y de lo otro, tienes edad pa ir viendo las cosas.

Por las palabras del viejo en su cabeza le pitó un coche en Fray Leopoldo, y todavía rumiando sentimientos comenzó a llorar entrando al Clínico.
Se sentó ante los escalones de mármol, amarillos de tantos pasos, y por una vez sintió que la rabia se le había ido, acostumbrada como estaba a bajar la sién cuando recordaba la envidia que le asignaron por su hermano, hasta que lo terminó creyendo.

        No si al final tendré que estarles agradecía después de tó,
se dijo sin ver que un tipo la miraba extrañado. En él vió a Andrés sonriendo. Con aquel recuerdo saltó hacia la pasmada puerta de acceso al hospital. Apretando las manos contra su vientre, entró en un ascensor que repartía olores por aquella mole. Recomponiendo su cara, tranquila y como mas sabia, y más mayor, agradeció a su tío aquella leve parada en el cebollas, y tantos años ahí.
Cuando cogió el pasillo de la cuarta planta que le dijeron, vió a su novio mirando al movil, depié contra la pared, y tras cerciorarse que allí no había nadie, lo abrazó casi por sorpresa sin saber que había recibido la certera lección de un viejo, que en ese momento rumiaba contentillo porque daba paso a otra vida en Granada.