vino, miró y no dijo ni zarapeta
ahí os dejo un trozo de mi, por todas las veces que he escondido mis entrañas
Tango II
Rosana es un jardín
tumbada en la colina,
que juega con la nariz
como si fuese esquina.
Pierde sus dedos en mi
cantando sin gomina,
y abre su boca hasta el fin,
mientras la luz aglutina.
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